El panorama de la lucha contra el cáncer de mama
Dra. Lourdes Ivette Ochoa Ortiz
Recibir un diagnóstico de cáncer no significa el final. Es el inicio de un camino en el que la detección temprana y los avances médicos hacen posible vivir, tratarse y salir adelante.
Cada año, más de 2 millones de mujeres son diagnosticadas con cáncer de mama en el mundo¹. En México, es la primera causa de muerte por cáncer en mujeres, con más de 7,000 fallecimientos anuales². Aunque aparece con mayor frecuencia entre los 50 y 60 años, también puede afectar a mujeres jóvenes y a hombres, que representan cerca del 1% de los casos².
Cuando se descubre en etapas iniciales, la supervivencia supera el 90%³.
En fases avanzadas, los tratamientos son más agresivos y las posibilidades de éxito disminuyen³.
La mama es un órgano formado por lóbulos, conductos y tejido graso.
– Los lóbulos son como pequeños racimos que producen la leche.
– Los conductos transportan la leche hacia el pezón.
– Alrededor, el tejido graso y los vasos linfáticos sostienen y protegen la glándula.
El cáncer aparece cuando algunas células de la mama dejan de comportarse de manera normal: crecen sin control y forman un tumor. En los conductos, por donde pasa la leche, puede haber dos escenarios:
– Carcinoma ductal in situ: las células anormales están dentro del conducto, sin invadir otros tejidos.
– Carcinoma ductal invasor: las células salen del conducto y se extienden alrededor.
En los lóbulos, donde se produce la leche, ocurre algo similar:
– Carcinoma lobulillar in situ: las células anormales se mantienen dentro del lóbulo.
– Carcinoma lobulillar invasor: las células atraviesan el lóbulo y se diseminan hacia el tejido cercano.
El éxito del tratamiento depende en gran medida de detectarlo antes de que se vuelva invasor³.
El cáncer de mama tiene causas que no puedes controlar y otras que sí dependen de tus hábitos. Entenderlas es la clave para cuidarte.
– Edad: después de los 50 años, el riesgo aumenta.
– Historia familiar: si tu mamá, hermana o hija tuvo cáncer de mama, tus probabilidades también son mayores.
– Genética: mutaciones como BRCA1 y BRCA2 elevan el riesgo de forma significativa.
– Densidad mamaria: cuando la mama tiene más tejido que grasa, la detección en mastografía es más difícil y el riesgo también aumenta.
– Ciclos hormonales largos: menstruación temprana o menopausia tardía implican más años expuesta a hormonas femeninas.⁴
– Alcohol: el riesgo sube a partir de 3–4 copas por semana.
– Tabaquismo: fumar también aumenta el riesgo.
– Sobrepeso y sedentarismo: la grasa produce hormonas que pueden estimular algunos tumores; mantener peso adecuado y hacer ejercicio regular protege.
– Terapia hormonal posmenopáusica: el uso prolongado puede elevar el riesgo, por eso debe vigilarse médicamente.
– Anticonceptivos orales: aumentan ligeramente el riesgo mientras se usan, pero este baja al suspenderlos.
– Embarazo y lactancia: tener hijos después de los 30 o no amamantar eleva el riesgo; amamantar lo reduce.
– Radiación en tórax: como la recibida en tratamientos de la infancia o juventud, también lo incrementa⁴.
– Mantén un peso adecuado.
– Haz al menos 150 minutos de ejercicio moderado a la semana.
– Limita el alcohol y evita fumar.
– Da preferencia a una alimentación rica en frutas, verduras y fibra.
– Si tienes hijos, la lactancia prolongada es protectora.⁴
– Revisa con tu médico el uso de hormonas o anticonceptivos.
El objetivo del screening o detección temprana del cáncer de mama es:
– Identificar la enfermedad en etapas iniciales, antes de que dé síntomas.
– Aumentar las probabilidades de éxito en el tratamiento.
– Reducir el riesgo de morir por esta causa.
No todas las mujeres necesitan los mismos estudios ni a la misma edad. Las recomendaciones se basan en el nivel de riesgo de cada persona:
– Mujeres con riesgo promedio: A partir de los 40 años se recomienda realizar mamografía cada año⁵.
– Entre los 20 y 39 años, la vigilancia se centra en la autoexploración mensual y la revisión clínica cada 1 a 3 años.
– Mujeres con alto riesgo (antecedentes familiares directos, mutaciones BRCA1/BRCA2 o radiación previa en tórax): Se sugiere iniciar los estudios 10 años antes de la edad en que su familiar fue diagnosticado, o desde los 30 años, lo que ocurra primero. Además de la mamografía, se puede indicar resonancia magnética como complemento⁵.
El cáncer de mama no siempre causa dolor en sus inicios. Por eso, es fundamental estar atenta a los signos de alarma que requieren valoración médica inmediata:
– Bulto o nódulo en la mama o la axila, duro y que no desaparece.
– Cambios en la piel de la mama: hundimientos, enrojecimiento, engrosamiento o aspecto de “piel de naranja”.
– Alteraciones en el pezón: retracción (pezón invertido de reciente aparición), secreción sanguinolenta o transparente.
– Cambios en la forma o tamaño de la mama, sin causa aparente.
– Dolor focal persistente en una zona específica de la mama.
Recordar estos síntomas y acudir de inmediato al médico puede marcar la diferencia entre un tratamiento sencillo y uno mucho más complejo.
Aunque suelen confundirse, detección y diagnóstico tienen propósitos diferentes:
– Detección: se realiza de manera periódica, en mujeres sin síntomas. Su objetivo es descubrir lesiones de forma temprana.
– Diagnóstico: se indica cuando ya existen signos o síntomas, como un bulto palpable, cambios en la piel o secreción por el pezón.
A partir de los 20 años, se recomienda realizar la autoexploración cada mes, entre el 2º y 3º día después de tu periodo menstrual. Ese es el momento en que las mamas están menos sensibles y el examen es más confiable.
La exploración clínica es útil para identificar cambios, pero puede pasar por alto tumores pequeños; la mamografía sigue siendo indispensable.
“La mamografía no solo detecta tumores antes de que puedan palparse, sino que es el único estudio que ha demostrado reducir la mortalidad por cáncer de mama³”.
– Es una radiografía de la mama con dosis bajas de radiación.
– Se realiza de manera ambulatoria y dura entre 10 y 20 minutos.
– Permite detectar tumores en etapas iniciales, cuando son más fáciles de tratar.
Se realiza en mujeres sin síntomas. Su propósito es identificar cambios en la mama antes de que se hagan evidentes.
Indicada en mujeres que ya presentan síntomas (bulto, secreción, retracción) o hallazgos sospechosos en otro estudio.
Ofrece menor radiación y una mejor visualización en mamas densas, lo que permite diagnósticos más precisos.
Una técnica más avanzada que crea imágenes en cortes finos de la mama.
Muchas mujeres se preocupan por la radiación, pero la dosis utilizada es muy baja.
En conclusión, los beneficios de una mamografía superan ampliamente a los riesgos, convirtiéndola en una de las herramientas más efectivas para la detección temprana.
Aunque la mamografía sigue siendo el estudio principal, existen herramientas que la complementan:
– Ultrasonido: seguro en mujeres jóvenes y embarazadas; diferencia bultos líquidos de sólidos. No sustituye a la mamografía.
– Resonancia magnética: ofrece imágenes muy detalladas; se recomienda en mujeres con alto riesgo genético o cuando otros estudios no son concluyentes.
El cáncer de mama en el embarazo y la lactancia es poco frecuente, pues la mayoría de los casos se diagnostican en mujeres mayores de 40 años. Sin embargo, si una mujer embarazada o en periodo de lactancia llega a desarrollar cáncer, lo más probable es que sea de mama.
Durante estas etapas, los cambios normales de la mama (crecimiento, sensibilidad y producción de leche) pueden enmascarar síntomas y retrasar el diagnóstico. Como resultado, cuando se detecta, el tumor suele ser más grande y con mayor afectación de ganglios, lo que lo hace más grave.
La exploración clínica y la mastografía anual no solo se pueden, sino que deben realizarse incluso durante el embarazo. La radiación es mínima y, con la protección adecuada, no representa riesgo para el bebé.
Los implantes mamarios son seguros en la gran mayoría de los casos. Sin embargo, existe un riesgo muy bajo de desarrollar un tipo raro de cáncer llamado linfoma anaplásico de células grandes asociado a implantes.
Este tipo de cáncer no surge como un tumor típico dentro de la glándula mamaria, sino alrededor de la cápsula que recubre el implante. Los síntomas más frecuentes son:
Acumulación de líquido alrededor del implante.
Aunque el riesgo es muy bajo, es importante no ignorar los síntomas. Si notas cambios en la forma de tu mama, dolor inusual o secreción de líquido, acude con un especialista en oncología o cirugía plástica para una revisión.
Aunque se piensa que es exclusivo de mujeres, el cáncer de mama también puede afectar a los hombres, representando alrededor del 1% de los casos.
Al igual que en mujeres, existen condiciones que aumentan la probabilidad de desarrollarlo:
El cáncer de mama en hombres suele diagnosticarse más tarde porque no existe la cultura de vigilancia como en las mujeres. Es fundamental estar atentos a los signos de alarma:
Los hombres no requieren estudios de rutina, pero si presentan síntomas deben acudir al médico. El diagnóstico se confirma con exploración clínica, ultrasonido, mamografía y biopsia.
No hay medidas específicas para prevenir el cáncer de mama masculino, pero sí es posible reducir riesgos:
Tu salud está en tus manos.
El cáncer de mama no es sinónimo de final, sino un recordatorio de la importancia de la detección temprana y del poder de la prevención. Incorporar hábitos saludables, conocer tus factores de riesgo y realizar estudios de manera oportuna puede marcar la diferencia entre un tratamiento complejo y una recuperación más sencilla.
Recuerda que cada acción cuenta: desde la autoexploración mensual hasta la consulta médica y la mamografía en el momento indicado. Cuidarte no solo aumenta tus probabilidades de éxito, también te brinda tranquilidad y calidad de vida.
Invertir en tu salud hoy es la mejor manera de asegurar tu bienestar en el futuro.
Referencias
Es una estrategia impulsada por Grupo BAL, pensada para ti y tu familia, con recursos que te inspiran, te informan y te acompañan.